miércoles, 3 de septiembre de 2008

¿PORQUÉ SOCIALISMO?

Albert Einstein*


Primera Edición: En Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949.


¿Debe quién no es un experto en cuestiones económicas
y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie
de razones creo que si.
Permítasenos primero considerar la cuestión desde
el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer
que no hay diferencias metodológicas esenciales entre
la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos
procuran descubrir leyes de aceptabilidad general
para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la
interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible
como sea posible. Pero en realidad estas diferencias
metodológicas existen. El descubrimiento de leyes
generales en el campo de la economía es difícil por que la
observación de fenómenos económicos es afectada a menudo
por muchos factores que son difícilmente evaluables
por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado
desde el principio del llamado período civilizado de la historia
humana --como es bien sabido-- ha sido influida y limitada
en gran parte por causas que no son de ninguna manera
exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo,
la mayoría de los grandes estados de la historia debieron
su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se
establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada
del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos
el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron
un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes,
con el control de la educación, hicieron de la división de la
sociedad en clases una institución permanente y crearon
un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de
entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida
en su comportamiento social.
Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer;
en ninguna parte hemos superado realmente lo que
Thorstein Veblen llamó "la fase depredadora" del desarrollo
humano. Los hechos económicos observables pertenecen
a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de
ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero
propósito del socialismo es precisamente superar y
avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo
humano, la ciencia económica en su estado actual puede
arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.
En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un
fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer
fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos;
la ciencia puede proveer los medios con los que lograr
ciertos fines. Pero los fines por si mismos son concebidos
por personas con altos ideales éticos y --si estos fines no
son endebles, sino vitales y vigorosos-- son adoptados y llevados
adelante por muchos seres humanos quienes, de
forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de
la sociedad.
Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia
y los métodos científicos cuando se trata de problemas
humanos; y no debemos asumir que los expertos son los
únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones
que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces
han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana
está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente
dañada. Es característico de tal situación que los
individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia
el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración,
déjenme recordar aquí una experiencia personal.
Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto
la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría
en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y
subrayé que solamente una organización supranacional
ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi
visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: "¿porqué se
opone usted tan profundamente a la desaparición de la
raza humana?"
Estoy seguro que hace tan sólo un siglo nadie habría
hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la
declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente
en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida
la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad
dolorosa y del aislamiento que mucha gente está
sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?
Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas
con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo
mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de
que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios
y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas
fáciles y simples.
El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social.
Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y
la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus
deseos personales, y para desarrollar sus capacidades
naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento
y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir
sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar
sus condiciones de vida. Solamente la existencia de
éstos diferentes, y frecuentemente contradictorios objetivos
por el carácter especial del hombre, y su combinación
específica determina el grado con el cual un individuo
puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al
bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa
de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada
hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente
emerge está determinada en gran parte por el ambiente en
el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por
la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición
de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares
de comportamiento. El concepto abstracto "sociedad"
significa para el ser humano individual la suma total de sus
relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y
con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo
puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por si
mismo; pero él depende tanto de la sociedad -en su existencia
física, intelectual, y emocional- que es imposible concebirlo,
o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la "sociedad"
la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas
de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la
mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible
por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones
en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la
pequeña palabra "sociedad".
Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo
de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido
-- exactamente como en el caso de las hormigas y de las
abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y
de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle,
los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones
de los seres humanos son muy susceptibles de cambio.
La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el
regalo de la comunicación oral ha hecho posible progresos
entre los seres humanos que son dictados por necesidades
biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones,
instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones
científicas e ingenieriles; en las obras de arte.
Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir
en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el
pensamiento consciente y los deseos.
El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria,
una constitución biológica que debemos considerar
fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales
que son característicos de la especie humana. Además,
durante su vida, adquiere una constitución cultural que
adopta de la sociedad con la comunicación y a través de
muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural
la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que
determina en un grado muy importante la relación entre el
individuo y la sociedad como la antropología moderna nos
ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas
culturas primitivas, que el comportamiento social
de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo
de patrones culturales que prevalecen y de los tipos
de organización que predominan en la sociedad. Es en esto
en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte
del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos
no están condenados, por su constitución biológica, a
aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido
por ellos mismos.
Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad
y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas
para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea
posible, debemos ser constantemente conscientes del
hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos
modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica
del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable.
Además, los progresos tecnológicos y demográficos
de los últimos siglos han creado condiciones que están
aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas
asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia
continuada, una división del trabajo extrema y un
aparato altamente productivo son absolutamente necesarios.
Los tiempos -- que, mirando hacia atrás, parecen tan
idílicos -- en los que individuos o grupos relativamente
pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han
ido para siempre. Es sólo una leve exageración decir que la
humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria
de producción y consumo.
Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar
brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis
de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con
la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de
su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia
como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una
fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos
naturales, o incluso su existencia económica. Por otra
parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones
egoístas se están acentuando constantemente, mientras
que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más
débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres
humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad,
están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a
sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros,
solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de
la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida,
corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.
La anarquía económica de la sociedad capitalista tal
como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del
mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores
que se están esforzando incesantemente privándose
de los frutos de su trabajo colectivo -- no por la fuerza,
sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente
establecidas. A este respecto, es importante señalar
que los medios de producción --es decir, la capacidad productiva
entera que es necesaria para producir bienes de
consumo tanto como capital adicional-- puede legalmente
ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.
En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue
llamaré "trabajadores" a todos los que no compartan la propiedad
de los medios de producción -- aunque esto no
corresponda al uso habitual del término. Los propietarios
de los medios de producción están en posición de comprar
la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de
producción, el trabajador produce nuevos bienes que se
convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial
en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador
y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real.
En cuanto que el contrato de trabajo es "libre", lo que el trabajador
recibe está determinado no por el valor real de los
bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y
por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en
relación con el número de trabajadores compitiendo por
trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el
salario del trabajador no está determinado por el valor de
su producto.
El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos,
en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en
parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la
división del trabajo animan la formación de unidades de
producción más grandes a expensas de las más pequeñas.
El resultado de este proceso es una oligarquía del capital
privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia
incluso en una sociedad organizada políticamente de
forma democrática. Esto es así porque los miembros de los
cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos
políticos, financiados en gran parte o influidos de otra
manera por los capitalistas privados quienes, para todos
los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura.
La consecuencia es que los representantes del pueblo
de hecho no protegen suficientemente los intereses de
los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte,
bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados
inevitablemente controlan, directamente o indirectamente,
las fuentes principales de información (prensa, radio,
educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la
mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano
individual obtener conclusiones objetivas y hacer
un uso inteligente de sus derechos políticos.
La situación que prevalece en una economía basada
en la propiedad privada del capital está así caracterizada
en lo principal: primero, los medios de la producción (capital)
son poseídos de forma privada y los propietarios disponen
de ellos como lo consideran oportuno; en segundo
lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe
una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular,
debe notarse que los trabajadores, a través de luchas
políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar
una forma algo mejorada de "contrato de trabajo libre"
para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su
conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de
capitalismo "puro". La producción está orientada hacia el
beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos
los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar
empleo; existe casi siempre un "ejército de parados". El
trabajador está constantemente atemorizado con perder
su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados
no proporcionan un mercado rentable, la producción de
los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia
es una gran privación. El progreso tecnológico produce con
frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del
trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente
con la competencia entre capitalistas, es responsable
de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización
del capital que conduce a depresiones cada vez más
severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio
enorme de trabajo, y a ése amputar la conciencia social
de los individuos que mencioné antes.
Considero esta mutilación de los individuos el peor
mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero
sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada
al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito
codicioso como preparación para su carrera futura.
Estoy convencido de que hay solamente un camino
para eliminar estos graves males, el establecimiento de una
economía socialista, acompañado por un sistema educativo
orientado hacia metas sociales. En una economía así, los
medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados
de una forma planificada. Una economía planificada
que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad,
distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados
para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre,
mujer, y niño. La educación del individuo, además de
promover sus propias capacidades naturales, procuraría
desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus
compañeros-hombres en lugar de la glorificación del
poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.
Sin embargo, es necesario recordar que una economía
planificada no es todavía socialismo. Una economía
planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud
del individuo. La realización del socialismo requiere
solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente
difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización
de gran envergadura del poder político y económico, evitar
que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante?
¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo
y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la
burocracia?

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